10 de junio de 2012

CARACTERIZACION DE LA CAPOEIRA ANGOLA

El Capoeirista Angolero, busca componer sus movimientos con los movimientos de su adversario, intentando generar un juego asociado, como una unidad. Su censo estético le direcciona hacia la obtención de una sintonía eurítmica usando movimientos expresivos, variados y al mismo tiempo funcionales.
Los movimientos de los jugadores, visiblemente inspirados en movimientos de animales silvestres, ofrecen una gran libertad y variedad de recursos aplicables a las diversas situaciones del juego que se desenvuelve como una trama, con diferentes pasajes. El Capoeirista demuestra su superioridad en el espacio de la roda, llevando al adversario a la confusión con el peligro y la complejidad de sus movimientos.
Naturalmente afloran de los jugadores innumerables fases de temperamento humano: el miedo, la alegría, la rabia, el orgullo, la compasión, la indiferencia y otros sentimientos que atormentan la intriga, exigiendo el controle psicológico de los adversarios en un juego de estrategia, en que las piezas a ser movidas son las partes del propio cuerpo.
Los capoeiristas deben armonizar el clima del juego con el momento de la roda, o sea, jugar de acuerdo con el toque y el retorno que está siendo tocado por la batería u orquesta, con el sentimiento de los versos que están siendo entonados por el cantor y por el coro. Sagacidad, auto confianza, lealtad, humildad, elegancia son algunos de los factores subjetivos que cualifican al Capoeirista Angolero, heredadas de los antiguos practicantes del N'golo. El ser capoeirista exige perfecto dominio de la cultura, de las tradiciones y del juego, el toque de los instrumentos y la interpretación de los cantos.

... En el 1500, Pedro Álvarez Cabral llegó al Brasil. Como de costumbre, una de las primeras providencias fue capturar a la población local -los indios brasileños- para abastecerse de mano de obra esclava. La experiencia con los aborígenes fracasó: los indios morían en cautiverio. Entonces los portugueses comenzaron a importar sus trabajadores esclavos desde el África.
Del otro lado del Atlántico, hombres libres eran capturados y embarcados en los terribles navíos negreros, en un viaje-pesadilla rumbo a la esclavitud. Llegaron los africanos, primero en cientos y después en millares. Trajeron su cultura; una cultura viva, diferente de la europea.

Una cultura que no era guardada en libros o en museos, sino en el cuerpo, en la mente y en el corazón de cada hombre; siendo transmitida de padre a hijo, de iniciado a iniciante, a través de las generaciones hasta la actualidad.

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